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La Red

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La Red Nacional de Investigadoras e Investigadores en Comunicación es un ámbito que promueve el intercambio y la producción de conocimiento en el campo de la investigación sobre comunicación. Se conformó en 1995, cuando se llevaron a cabo las l Jornadas Nacionales de Investigadores Jóvenes en Comunicación. Desde ese momento, la Red se constituyó en un espacio que se quiere plural, multidisciplinario y abierto. Anualmente, se organizan Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación que –con una lógica federal– se llevan a cabo en distintos puntos del país.

Nos moviliza la posibilidad de encontrar un cruce de experiencias y reflexiones, polémicas y debates sobre problemáticas complejas del campo de la comunicación. Algunas de ellas, apenas delineadas, otras olvidadas o redescubiertas. Debates que provienen desde líneas teóricas diversas y, que ante todo, encuentran en este ámbito el marco para su expresión.

La Red Nacional de Investigadoras e Investigadores en Comunicación se originó en 1995, cuando un grupo de jóvenes provenientes de distintas regiones del país se reunió por primera vez en el Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, con el objetivo de “crear un ámbito posible que aporte a lograr un intercambio productivo en el campo de la investigación en comunicación”.

Las primeras Jornadas organizadas por la Red se denominaron de jóvenes investigadores, pues esa fue la génesis del espacio, y en alguna medida cierta identidad que persiste atribuida a los sucesivos encuentros. La referencia generacional de la convocatoria se retiró pronto para habilitar otras participaciones y generar un espacio más inclusivo. Este objetivo se logró con altibajos porque, si bien los jóvenes participaron y participan masivamente de las Jornadas, los investigadores formados concurren irregularmente.

Las propias características de la Red, que no concibe conferencias especiales ni mesas destacadas, le ha dado un tono especial a cada encuentro, donde importa menos el quién participa que la participación misma. La definición que se mantuvo vigente fue la de una organización reticular que propiciara un encuentro para el intercambio y la reflexión académica desde un diálogo horizontal, sin jerarquías ni representaciones institucionales. En el momento de constitución de la Red, los principales eventos sobre comunicación llevaban sellos de asociaciones constituidas y estaban conducidos y centrados en las figuras de profesores destacados e investigadores formados. Esporádicamente, algunas jornadas estudiantiles planteaban una agenda de contraste, pero sin que el eje estuviera puesto en la investigación.

Sin llegar a definirse por oposición – de hecho, con sus lógicas diferenciadas, las distintas propuestas conviven y coexisten en el campo académico de la comunicación –, la Red de Investigadoras e Investigadores vino a ocupar ese espacio. Edición a edición, las Jornadas han generado la posibilidad de encuentro e intercambio entre los investigadores de distintas universidades y otras instituciones que se dedican a temáticas del campo comunicacional.

Hasta el momento las Jornadas se llevaron a cabo en: Buenos Aires (1995) – UBA; Olavarría (1996) – UNICEN; Mendoza (1997) – UNCUYO; San Salvador de Jujuy (1999) – UNJu; Paraná (2000) – UNER; Córdoba (2002) – UNC; Roca (2003) – UNComahue; La Plata (2004) – UNLP; Villa María (2005) – UNVilla María; San Juan (2006) – UNSJ; Mendoza (2007) – UNCUYO; Rosario (2008) – UNR; San Luis (2009) – UNSL; Quilmes (2010) – UNQ; Río Cuarto (2011) – UNRC; Santiago del Estero (2012) – UCSE; General Sarmiento (2013) – UNGS; Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2014) – IUNA; Corrientes (2015) – UNNE; Comodoro Rivadavia (2016) – UNPSJP; San Juan (2017) – UNSJ; San Salvador de Jujuy (2018) – UNJu; Posadas (2019) – UNaM y Quilmes (2021) – UNQ.

Cada Jornada trajo como correlato la incorporación de un nuevo grupo de participantes provenientes de la última sede y sus alcances se fueron ampliando territorial y generacionalmente, con la inclusión de nuevos investigadores. La experiencia, encuentro a encuentro, fue generando transformaciones debatidas calurosamente en el Plenario general. Así, la constitución de las mesas intentó evitar la formación de mesas “estelares” o “regionales”, y el criterio que primó fue de intercambio entre investigadores formados, en formación y estudiantes, y entre participantes de distintos puntos del país.

La relación con el marco institucional de la sede que anualmente brinda su espacio para la realización de las Jornadas, también logró establecer una equilibrada autonomía: a una coparticipación financiera de los gastos y la división de beneficios, le sucedió una independencia económica de la Red, que solicita el apoyo logístico y el aval académico pero no acude al financiamiento de la sede. Los esfuerzos de la gestión local – los más pesados en términos de trabajo – y el compromiso de los colaboradores se retribuyen con una importante donación de libros de comunicación destinados a las bibliotecas de las sedes. Aún con los más bajos aranceles de inscripción del país, las Jornadas han dejado saldo positivo que fue reinvertido en acciones decididas en el Plenario: profundizando la idea de un conocimiento compartido, hoy la Web de la Red comienza a almacenar las ponencias que circulan en las reuniones, haciéndolas más accesibles y eliminando el gasto que suponía el CD con las Memorias.

Hay un inexplicable clima en las Jornadas, un clima de amistad de quienes forjaron su relación participando en alguna de las instancias abiertas – como difusores, como miembros de la comisión local o como miembros de la comisión nacional –, de quienes intercambian y permanecen en contacto. Año a año se repite el alegre ritual del encuentro que establece lazos entre participantes de todo el país. El clima de animación y camaradería no se limita a la Fiesta de las Jornadas sino que expresa cabalmente un encuentro que puede sostenerse sin la acumulación: ni de poder, ni de dinero, ni de prestigio; que apuesta a una organización voluntaria, gratuita, expansiva, abierta y cooperativa. Que expresa, en definitiva, una manera de pensar la comunicación y un ideal de sociedad en recomposición constante a partir del disenso y la discusión.

Algunos de los principios que definen a este espacio de investigadoras e investigadores en comunicación:

▰ Es reticular: Como espacio de investigadores es una red, más que una institución. Cuando surgió, todos los encuentros sobre comunicación llevaban sellos institucionales, vinculados a asociaciones con financiamiento internacional o a las direcciones de carreras y facultades del país. La Red no se construyó sobre una oposición, pero sí como una alternativa a los vicios que caracterizan a la organización de esos espacios. Con otra lógica de funcionamiento, a lo largo de los años se ha mantenido al margen de sus pujas. Si bien no está exenta del vínculo con las instituciones, las Jornadas siempre se realizaron en sedes de universidades nacionales pero conservando la autonomía en la organización. Desde sus orígenes, la Red articuló a investigadores de la comunicación del país en un ámbito de intercambio, debate y reflexión académica donde todos participan en pie de igualdad.

▰ Es federal: Los participantes de la Red provienen de distintos puntos de la Argentina –en ocasiones, incluso, han participado algunos investigadores de otros países sudamericanos–. Desde el primer día se enfatizó el carácter federal de la organización. Las Jornadas se han realizado en Buenos Aires (1995), Olavarría (1996), Mendoza (1997 y 2007), San Salvador de Jujuy (1999), Paraná (2000), Córdoba (2002), General Roca (2003), La Plata (2004), Villa María (2005) y San Juan (2006), Mendoza (2007), Rosario (2008), San Luis (2009), Quilmes (2010), Río Cuarto (2011), Santiago del Estero (2012), Gral. Sarmiento (2013). Con énfasis y bastante éxito, se ha procurado que las sedes de las Jornadas no se repitan. La otra clave del diseño federal de la Red es la figura de los difusores, que se encargan en cada localidad en donde hay alguna institución dedicada a la comunicación, de promover la participación en las Jornadas.

▰ Está descentralizada: Como espacio de investigadores es una red, más que una institución. Cuando surgió, todos los encuentros sobre comunicación llevaban sellos institucionales, vinculados a asociaciones con financiamiento internacional o a las direcciones de carreras y facultades del país. La Red no se construyó sobre una oposición, pero sí como una alternativa a los vicios que caracterizan a la organización de esos espacios. Con otra lógica de funcionamiento, a lo largo de los años se ha mantenido al margen de sus pujas. Si bien no está exenta del vínculo con las instituciones, las Jornadas siempre se realizaron en sedes de universidades nacionales pero conservando la autonomía en la organización. Desde sus orígenes, la Red articuló a investigadores de la comunicación del país en un ámbito de intercambio, debate y reflexión académica donde todos participan en pie de igualdad.

▰ Se organiza democráticamente: Las Jornadas realizadas por la Red han tenido –salvo escasas excepciones– una periodicidad anual. Al final de cada una de ellas, se desarrolla una reunión plenaria donde todos los asistentes tienen igual derecho de participación con voz y voto. Allí se pone a consideración el balance del año, se designa la nueva comisión organizadora y se decide cuál será la siguiente sede de las Jornadas. Este espacio de debate horizontal nos pertenece del mismo modo que a él pertenecemos y nos identifica. La otra clave del diseño federal de la Red es la figura de los difusores, que se encargan en cada localidad en donde hay alguna institución dedicada a la comunicación, de promover la participación en las Jornadas. La otra clave del diseño federal de la Red es la figura de los difusores, que se encargan en cada localidad en donde hay alguna institución dedicada a la comunicación, de promover la participación en las Jornadas.

▰ Promueve la horizontalidad: La Red se diferencia de otros espacios académicos, donde ciertas figuras reconocidas del campo ofrecen conferencias magistrales y otras personalidades institucional o académicamente consagradas participan de mesas redondas, mientras el resto de los participantes presenta sus ponencias en espacios de menos relevancia. En nuestras Jornadas no hay jerarquías: todas las instancias de intercambio tienen el mismo valor. En ese plano se produce un fuerte contraste con la mayor parte de los congresos, donde tales jerarquías no sólo establecen una desigualdad simbólica sino también económica: mientras el común de los “ponentes” debe abonar todos sus gastos – el viaje, la estadía, onerosas inscripciones y el libro o CD –, los “invitados especiales” tienen todo pago. En la red, en cambio, cada asistente paga un monto accesible, igual para todos. Así ha sido posible ver investigadores de larga trayectoria compartiendo mesas de trabajo con tesistas que recién empiezan su carrera, en un encuentro donde ambos aprenden. Ese criterio, que ha producido el alejamiento de algunos viejos participantes, al mismo tiempo ha sido fundamental para mantener la horizontalidad en la Red. Asimismo, la Red no tiene un “comité académico” que prestigie con su presencia, esclarezca el rumbo de las actividades o tenga la regla justa para discriminar trabajos buenos y malos, aceptables o no aceptables. El crecimiento – y el prestigio – de la red, con sus altibajos, ha sido producto del aporte reflexivo de todos los participantes.

▰ No tiene dueño ni sponsors: La coordinación operativa de las Jornadas está en manos de una Comisión Organizadora donde confluyen una Comisión Local y una Comisión Nacional. La primera dura un año y está formada por seis miembros de la sede en la que se desarrolla el encuentro. La segunda también tiene seis integrantes, que son elegidos en la asamblea que se realiza cada año. Años atrás el plenario de la Red definió, por ejemplo, que los miembros de la Comisión Nacional sólo pueden permanecer en esa función por un máximo de dos años. Así, si por un lado se busca que la renovación de la CN sea parcial, garantizando la transmisión de principios y de saberes prácticos que agilizan la organización de las Jornadas, por otro lado se garantiza que dicha renovación sea constante, evitando cualquier posible de concentración de las decisiones en una persona. La Red no tiene dueños: el sostenimiento de este principio esencial, irrenunciable, ha llevado a minimizar cualquier formalización de la organización que permitiera acumular poder. Por eso, así como no se constituyó una comisión permanente, tampoco hay una personería jurídica. La tesorería es también rotativa y está a nombre de un miembro de la Comisión Nacional propuesto en el plenario, y un miembro de la Comisión Local de la sede de la siguiente Jornada. Históricamente también se ha sostenido una negativa a cualquier sponsoreo. Dado que se trata un espacio que no tiene como objetivo acumular dinero, se evita toda decisión que pudiera condicionar el rumbo de la organización económica o ideológicamente.

▰ Es un espacio de intercambio de aprendizajes: El objetivo es el intercambio entre investigadores, más que la acreditación, aún en tiempos en los que el mercado académico torna una obsesión la junta de certificados y obstruye el sentido de encuentro, reflexión y aportes recíprocos entre productores de conocimiento. Sin ignorar que aquella lógica atraviesa nuestras prácticas de investigación, la Red insiste en constituir un espacio abierto de discusión horizontal. Por eso no hay un proceso de selección de resúmenes y el armado de las mesas tiende a potenciar la interrelación de una diversidad de enfoques, geografías y trayectos formativos.

Memorias de la Red

Profundizando la idea de un conocimiento compartido, el archivo histórico de la Red Nacional de Investigadoras e Investigadores en Comunicación almacena las ponencias que circulan en las reuniones.

Jornadas 2022

La Red Nacional de Investigadoras e Investigadores en Comunicación es un ámbito que promueve el intercambio y la producción de conocimiento en el campo de la investigación sobre comunicación. Se conformó en 1995, cuando se llevaron a cabo las l Jornadas Nacionales de Investigadores Jóvenes en Comunicación. Desde ese momento, la Red se constituyó en un espacio que se quiere plural, multidisciplinario y abierto. Anualmente, se organizan Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación que –con una lógica federal– se llevan a cabo en distintos puntos del país.

Nos moviliza la posibilidad de encontrar un cruce de experiencias y reflexiones, polémicas y debates sobre problemáticas complejas del campo de la comunicación. Algunas de ellas, apenas delineadas, otras olvidadas o redescubiertas. Debates que provienen desde líneas teóricas diversas y, que ante todo, encuentran en este ámbito el marco para su expresión.

La Red Nacional de Investigadoras e Investigadores en Comunicación se originó en 1995, cuando un grupo de jóvenes provenientes de distintas regiones del país se reunió por primera vez en el Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, con el objetivo de “crear un ámbito posible que aporte a lograr un intercambio productivo en el campo de la investigación en comunicación”.

Las primeras Jornadas organizadas por la Red se denominaron de jóvenes investigadores, pues esa fue la génesis del espacio, y en alguna medida cierta identidad que persiste atribuida a los sucesivos encuentros. La referencia generacional de la convocatoria se retiró pronto para habilitar otras participaciones y generar un espacio más inclusivo. Este objetivo se logró con altibajos porque, si bien los jóvenes participaron y participan masivamente de las Jornadas, los investigadores formados concurren irregularmente.

Las propias características de la Red, que no concibe conferencias especiales ni mesas destacadas, le ha dado un tono especial a cada encuentro, donde importa menos el quién participa que la participación misma. La definición que se mantuvo vigente fue la de una organización reticular que propiciara un encuentro para el intercambio y la reflexión académica desde un diálogo horizontal, sin jerarquías ni representaciones institucionales. En el momento de constitución de la Red, los principales eventos sobre comunicación llevaban sellos de asociaciones constituidas y estaban conducidos y centrados en las figuras de profesores destacados e investigadores formados. Esporádicamente, algunas jornadas estudiantiles planteaban una agenda de contraste, pero sin que el eje estuviera puesto en la investigación.

Sin llegar a definirse por oposición – de hecho, con sus lógicas diferenciadas, las distintas propuestas conviven y coexisten en el campo académico de la comunicación –, la Red de Investigadoras e Investigadores vino a ocupar ese espacio. Edición a edición, las Jornadas han generado la posibilidad de encuentro e intercambio entre los investigadores de distintas universidades y otras instituciones que se dedican a temáticas del campo comunicacional.

Hasta el momento las Jornadas se llevaron a cabo en: Buenos Aires (1995) – UBA; Olavarría (1996) – UNICEN; Mendoza (1997) – UNCUYO; San Salvador de Jujuy (1999) – UNJu; Paraná (2000) – UNER; Córdoba (2002) – UNC; Roca (2003) – UNComahue; La Plata (2004) – UNLP; Villa María (2005) – UNVilla María; San Juan (2006) – UNSJ; Mendoza (2007) – UNCUYO; Rosario (2008) – UNR; San Luis (2009) – UNSL; Quilmes (2010) – UNQ; Río Cuarto (2011) – UNRC; Santiago del Estero (2012) – UCSE; General Sarmiento (2013) – UNGS; Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2014) – IUNA; Corrientes (2015) – UNNE; Comodoro Rivadavia (2016) – UNPSJP; San Juan (2017) – UNSJ; San Salvador de Jujuy (2018) – UNJu; Posadas (2019) – UNaM y Quilmes (2021) – UNQ.

Cada Jornada trajo como correlato la incorporación de un nuevo grupo de participantes provenientes de la última sede y sus alcances se fueron ampliando territorial y generacionalmente, con la inclusión de nuevos investigadores. La experiencia, encuentro a encuentro, fue generando transformaciones debatidas calurosamente en el Plenario general. Así, la constitución de las mesas intentó evitar la formación de mesas “estelares” o “regionales”, y el criterio que primó fue de intercambio entre investigadores formados, en formación y estudiantes, y entre participantes de distintos puntos del país.

La relación con el marco institucional de la sede que anualmente brinda su espacio para la realización de las Jornadas, también logró establecer una equilibrada autonomía: a una coparticipación financiera de los gastos y la división de beneficios, le sucedió una independencia económica de la Red, que solicita el apoyo logístico y el aval académico pero no acude al financiamiento de la sede. Los esfuerzos de la gestión local – los más pesados en términos de trabajo – y el compromiso de los colaboradores se retribuyen con una importante donación de libros de comunicación destinados a las bibliotecas de las sedes. Aún con los más bajos aranceles de inscripción del país, las Jornadas han dejado saldo positivo que fue reinvertido en acciones decididas en el Plenario: profundizando la idea de un conocimiento compartido, hoy la Web de la Red comienza a almacenar las ponencias que circulan en las reuniones, haciéndolas más accesibles y eliminando el gasto que suponía el CD con las Memorias.

Hay un inexplicable clima en las Jornadas, un clima de amistad de quienes forjaron su relación participando en alguna de las instancias abiertas – como difusores, como miembros de la comisión local o como miembros de la comisión nacional –, de quienes intercambian y permanecen en contacto. Año a año se repite el alegre ritual del encuentro que establece lazos entre participantes de todo el país. El clima de animación y camaradería no se limita a la Fiesta de las Jornadas sino que expresa cabalmente un encuentro que puede sostenerse sin la acumulación: ni de poder, ni de dinero, ni de prestigio; que apuesta a una organización voluntaria, gratuita, expansiva, abierta y cooperativa. Que expresa, en definitiva, una manera de pensar la comunicación y un ideal de sociedad en recomposición constante a partir del disenso y la discusión.

Algunos de los principios que definen a este espacio de investigadoras e investigadores en comunicación:

▰ Es reticular: Como espacio de investigadores es una red, más que una institución. Cuando surgió, todos los encuentros sobre comunicación llevaban sellos institucionales, vinculados a asociaciones con financiamiento internacional o a las direcciones de carreras y facultades del país. La Red no se construyó sobre una oposición, pero sí como una alternativa a los vicios que caracterizan a la organización de esos espacios. Con otra lógica de funcionamiento, a lo largo de los años se ha mantenido al margen de sus pujas. Si bien no está exenta del vínculo con las instituciones, las Jornadas siempre se realizaron en sedes de universidades nacionales pero conservando la autonomía en la organización. Desde sus orígenes, la Red articuló a investigadores de la comunicación del país en un ámbito de intercambio, debate y reflexión académica donde todos participan en pie de igualdad.

▰ Es federal: Los participantes de la Red provienen de distintos puntos de la Argentina –en ocasiones, incluso, han participado algunos investigadores de otros países sudamericanos–. Desde el primer día se enfatizó el carácter federal de la organización. Las Jornadas se han realizado en Buenos Aires (1995), Olavarría (1996), Mendoza (1997 y 2007), San Salvador de Jujuy (1999), Paraná (2000), Córdoba (2002), General Roca (2003), La Plata (2004), Villa María (2005) y San Juan (2006), Mendoza (2007), Rosario (2008), San Luis (2009), Quilmes (2010), Río Cuarto (2011), Santiago del Estero (2012), Gral. Sarmiento (2013). Con énfasis y bastante éxito, se ha procurado que las sedes de las Jornadas no se repitan. La otra clave del diseño federal de la Red es la figura de los difusores, que se encargan en cada localidad en donde hay alguna institución dedicada a la comunicación, de promover la participación en las Jornadas.

▰ Está descentralizada: Como espacio de investigadores es una red, más que una institución. Cuando surgió, todos los encuentros sobre comunicación llevaban sellos institucionales, vinculados a asociaciones con financiamiento internacional o a las direcciones de carreras y facultades del país. La Red no se construyó sobre una oposición, pero sí como una alternativa a los vicios que caracterizan a la organización de esos espacios. Con otra lógica de funcionamiento, a lo largo de los años se ha mantenido al margen de sus pujas. Si bien no está exenta del vínculo con las instituciones, las Jornadas siempre se realizaron en sedes de universidades nacionales pero conservando la autonomía en la organización. Desde sus orígenes, la Red articuló a investigadores de la comunicación del país en un ámbito de intercambio, debate y reflexión académica donde todos participan en pie de igualdad.

▰ Se organiza democráticamente: Las Jornadas realizadas por la Red han tenido –salvo escasas excepciones– una periodicidad anual. Al final de cada una de ellas, se desarrolla una reunión plenaria donde todos los asistentes tienen igual derecho de participación con voz y voto. Allí se pone a consideración el balance del año, se designa la nueva comisión organizadora y se decide cuál será la siguiente sede de las Jornadas. Este espacio de debate horizontal nos pertenece del mismo modo que a él pertenecemos y nos identifica. La otra clave del diseño federal de la Red es la figura de los difusores, que se encargan en cada localidad en donde hay alguna institución dedicada a la comunicación, de promover la participación en las Jornadas. La otra clave del diseño federal de la Red es la figura de los difusores, que se encargan en cada localidad en donde hay alguna institución dedicada a la comunicación, de promover la participación en las Jornadas.

▰ Promueve la horizontalidad: La Red se diferencia de otros espacios académicos, donde ciertas figuras reconocidas del campo ofrecen conferencias magistrales y otras personalidades institucional o académicamente consagradas participan de mesas redondas, mientras el resto de los participantes presenta sus ponencias en espacios de menos relevancia. En nuestras Jornadas no hay jerarquías: todas las instancias de intercambio tienen el mismo valor. En ese plano se produce un fuerte contraste con la mayor parte de los congresos, donde tales jerarquías no sólo establecen una desigualdad simbólica sino también económica: mientras el común de los “ponentes” debe abonar todos sus gastos – el viaje, la estadía, onerosas inscripciones y el libro o CD –, los “invitados especiales” tienen todo pago. En la red, en cambio, cada asistente paga un monto accesible, igual para todos. Así ha sido posible ver investigadores de larga trayectoria compartiendo mesas de trabajo con tesistas que recién empiezan su carrera, en un encuentro donde ambos aprenden. Ese criterio, que ha producido el alejamiento de algunos viejos participantes, al mismo tiempo ha sido fundamental para mantener la horizontalidad en la Red. Asimismo, la Red no tiene un “comité académico” que prestigie con su presencia, esclarezca el rumbo de las actividades o tenga la regla justa para discriminar trabajos buenos y malos, aceptables o no aceptables. El crecimiento – y el prestigio – de la red, con sus altibajos, ha sido producto del aporte reflexivo de todos los participantes.

▰ No tiene dueño ni sponsors: La coordinación operativa de las Jornadas está en manos de una Comisión Organizadora donde confluyen una Comisión Local y una Comisión Nacional. La primera dura un año y está formada por seis miembros de la sede en la que se desarrolla el encuentro. La segunda también tiene seis integrantes, que son elegidos en la asamblea que se realiza cada año. Años atrás el plenario de la Red definió, por ejemplo, que los miembros de la Comisión Nacional sólo pueden permanecer en esa función por un máximo de dos años. Así, si por un lado se busca que la renovación de la CN sea parcial, garantizando la transmisión de principios y de saberes prácticos que agilizan la organización de las Jornadas, por otro lado se garantiza que dicha renovación sea constante, evitando cualquier posible de concentración de las decisiones en una persona. La Red no tiene dueños: el sostenimiento de este principio esencial, irrenunciable, ha llevado a minimizar cualquier formalización de la organización que permitiera acumular poder. Por eso, así como no se constituyó una comisión permanente, tampoco hay una personería jurídica. La tesorería es también rotativa y está a nombre de un miembro de la Comisión Nacional propuesto en el plenario, y un miembro de la Comisión Local de la sede de la siguiente Jornada. Históricamente también se ha sostenido una negativa a cualquier sponsoreo. Dado que se trata un espacio que no tiene como objetivo acumular dinero, se evita toda decisión que pudiera condicionar el rumbo de la organización económica o ideológicamente.

▰ Es un espacio de intercambio de aprendizajes: El objetivo es el intercambio entre investigadores, más que la acreditación, aún en tiempos en los que el mercado académico torna una obsesión la junta de certificados y obstruye el sentido de encuentro, reflexión y aportes recíprocos entre productores de conocimiento. Sin ignorar que aquella lógica atraviesa nuestras prácticas de investigación, la Red insiste en constituir un espacio abierto de discusión horizontal. Por eso no hay un proceso de selección de resúmenes y el armado de las mesas tiende a potenciar la interrelación de una diversidad de enfoques, geografías y trayectos formativos.

Memorias de la Red

Profundizando la idea de un conocimiento compartido, el archivo histórico de la Red Nacional de Investigadoras e Investigadores en Comunicación almacena las ponencias que circulan en las reuniones.

Jornadas 2022

Editor responsable

ISSN: 1852-0308.
Red Nacional de Investigadores en Comunicación.

Comisión Local

Emanuel Barrera Calderón (UNVM), Guillermo Bovo (UNVM), Claudia Ceballos (UNVM), Adrián Romero (UNVM), Virginia Tissera (UNVM), Ana Sola (UNVM).

Comisión Nacional

Virginia Cáneva (UNLP), Carlos Quiñonez (UNNE), Mariana Silva Cantoni (UNSJ), Sebastián Mattia (UNGS), Luciana Aon (UNQ), Rosaura Barrios (UNaM), Nahuel Almirón Rodríguez (UNM).

RedInvCom © 2022.